Antes de saber qué estaba buscando, ya estaba haciendo preguntas.
Hay personas que llegan a su propósito después de encontrar una profesión. Yo creo que, en mi caso, fue al revés: primero llegaron las preguntas.
Desde muy chica tuve una necesidad difícil de explicar: comprender.
Por qué las personas somos como somos.
Por qué sentimos lo que sentimos.
Por qué algunas cosas nos hacen bien y otras nos apagan.
Por qué muchas veces construimos vidas que no se parecen demasiado a quienes somos.
Siempre fui curiosa. Observadora. De hacerme preguntas y seguirlas hasta encontrar alguna respuesta que tuviera sentido para mí. Y cuando encontraba una respuesta, casi siempre aparecía otra pregunta detrás.
Durante mucho tiempo pensé que eso era simplemente mi manera de ser. Hoy sé que también fue el comienzo de algo.
UNA VIDA LLENA DE CAMINOS
Mi recorrido no fue lineal: fui mamá, estudié, trabajé, emprendí, creé proyectos, acompañé personas, organicé, escribí, comuniqué, aprendí de otros y, sobre todo, aprendí de mí misma.
Hubo etapas en las que intenté adaptarme a lo que se esperaba de mí.
Y hubo otras en las que empecé a preguntarme qué pasaría si dejaba de hacerlo.
¿Qué necesito realmente?
¿Qué quiero conservar?
¿Qué quiero cambiar?
¿Qué significa para mí vivir bien?
¿Qué lugar ocupa el trabajo en una vida que quiero disfrutar?
¿Cómo se construye un proyecto sin que ese proyecto termine construyendo nuestra vida por nosotros?
¿Cómo podemos crecer sin alejarnos de nosotros mismos?
Esas preguntas fueron apareciendo en distintos momentos y con distintas formas.
Pero, con el tiempo, descubrí que en el fondo todas hablaban de lo mismo:
EL SLOW LLEGÓ ANTES QUE EL NOMBRE
La palabra slow apareció después. Primero existió la necesidad de mirar hacia adentro.
De entender mi energía.
De encontrar otras maneras de organizarme.
De hacer espacio para crear.
De construir proyectos que tuvieran sentido.
De comunicar sin sentir que tenía que convertirme en alguien que no era.
Empecé a investigar, mucho. Leí, estudié, observé, probé herramientas, hice preguntas, cambié de opinión, volví a empezar y fui conectando conocimientos que hasta entonces parecían pertenecer a mundos diferentes.
Pero sobre todo, experimenté conmigo misma.
Porque no quería acumular información.
Quería comprender.
Y quería encontrar una manera de llevar todo aquello a la vida cotidiana.
Así fue tomando forma mi propia filosofía slow.
DE UNA FILOSOFÍA A UN UNIVERSO
Con el tiempo entendí que todo aquello que estaba explorando podía organizarse alrededor de cuatro pilares:
No como pasos rígidos ni como una fórmula que todos debamos seguir de la misma manera. Sino como cuatro bases que se relacionan y se sostienen entre sí. De ahí nacieron las cuatro áreas de Universo Slow:
ECOLOGÍA SLOW: nuestra relación con nosotros mismos y nuestra energía.
ECOSISTEMA SLOW: la manera en que organizamos nuestro entorno para sostener nuestra vida.
RAÍZ SLOW: el espacio que damos a nuestra creatividad y a aquello que queremos desarrollar.
EMPRENDE SLOW: la manera en que convertimos ideas y proyectos en algo que podemos compartir con el mundo.
Y entonces entendí que no eran cuatro proyectos diferentes. Era una misma filosofía expresándose en distintos lugares de la vida.
Eso es UNIVERSO SLOW.
TAMBIÉN SOY PARTE DE LO QUE ESTUDIO
Mi recorrido personal también me llevó a profundizar en temas que ampliaron profundamente mi manera de entenderme y de entender a los demás. Así, conocí el nuevo paradigma de la Neurodiversidad, las altas capacidades, las neurodivergencias, y las distintas maneras de percibir, procesar y habitar el mundo fueron abriendo nuevas preguntas y nuevas capas de comprensión.
Esas experiencias y aprendizajes forman parte de la mirada desde la que hoy construyo todo esto. Porque cuanto más aprendo sobre la diversidad humana, más convencida estoy de algo:
Necesitamos poder construir formas de vida que contemplen quiénes somos.
NO TENGO TODAS LAS RESPUESTAS
Y, probablemente, esa sea una de las cosas que más quiero preservar.
Universo Slow no nace desde el lugar de quien encontró la fórmula correcta para vivir. Nace desde alguien que lleva muchos años haciéndose preguntas, investigando, probando, equivocándose, aprendiendo y compartiendo lo que va descubriendo.
No quiero decirte cómo tenés que vivir. Quiero ayudarte a hacerte mejores preguntas.
A mirar lo que ya existe en tu vida. A descubrir qué necesita cambiar, qué necesita ordenarse, qué necesita crecer y qué merece más espacio.
Y, sobre todo, a construir desde ahí.